Curemos a los Credit Default Swaps, no les demos por muertos

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Las innovaciones financieras suelen pasar por cuatro fases: La primera, son vitoreados como la gran prueba de que los banqueros que los diseñaron son mentes brillantes. Después, pasan por ser un mero instrumento de especulación, con los inversores exprimiéndolos en vez de utilizarlos para su cometido. Y ese abuso desemboca en una crisis que provoca pérdidas generalizadas, lo cual lleva a aborrecer dichos instrumentos financieros. Y la cuarta y última fase es, y he aquí la gran cuestión, ¿rechazar o rehabilitar dichos instrumentos?
La última de estas innovaciones financieras que ha entrado en la cuarta fase y está cerrando el círculo son los (), de los que ya hablamos en un artículo anterior.


Cuando los Credit Default Swaps (CDS) fueron “inventados” se concibieron sobre la base de la utilidad, es decir, tenían un objetivo concreto: Hacer que la gente se sintiera más segura teniendo en su cartera títulos de deuda privada, puesto que se eliminaba el riesgo de insolvencia del emisor.
Simplificando su concepto, los Credit Default Swaps (CDS) no dejan de ser un seguro, y como en todo contrato de seguro es necesario alguien al otro lado de la operación, es decir, alguien que asuma el riesgo (de insolvencia en este caso), y normalmente ese “alguien” es un especulador. De hecho, cualquier compañía de seguros, por muy importante que sea, no deja de ser un mero especulador, puesto que al asegurarle, por ejemplo, su casa contra incendios, realmente está “apostando” a que su casa no se quemará. Pero hay que tener muy en cuenta que las aseguradoras disponen de grandes bases de datos con información y estadísticas históricas, y así pueden calcular la prima a cobrar por las coberturas que ofrecen y el nivel de riesgos que asumen (y aún así alguna quiebra).

Sin embargo, los que venden los “nuevos y maravillosos” Credit Default Swaps (CDS) no tienen esas estadísticas ni esos informes de años y años de estudios a los que echar mano para consultar. De hecho, el mercado de la deuda privada se ha transformado tanto en los últimos 20 años en busca de grandes rentabilidades con inversiones en empresas cada vez menos fiables, que cualquier estadística pasada no es válida.

Al igual que con las innovaciones financieras pasadas, la necesidad de cobertura- su objetivo principal- fue engullida por la especulación y la mera apuesta “pura y dura” sobre la salud de las empresas. Los contratos de Credit Default Swaps (CDS) llegaron a valer 62 billones (con b) de dólares, mucho más de lo que realmente valían los bonos que aseguraban.

Los bruscos vaivenes en los precios de los bonos y los CDS pueden haber ayudado a acelerar la desaparición de bancos de inversión como Bear Stearns o , debido a que encontraron mucho más complicado obtener nuevas fuentes de capital en medio de la vorágine de la crisis. Cuando Lehman Borthers quebró se transmitió la sensación de que el mercado no era seguro. Leheman Brothers, además de emitir su propia deuda (sobre la que basó mucho de sus CDS), también fue un importante intermediario en las emisiones de deuda de otras compañías. Se estima que Lehman Brothers participó en el 7-10% de todas las negociaciones dentro del mercado de deuda privada.

Después de lo expuesto, mucha gente (incluidas autoridades y reguladores del ámbito asegurador) opina que la cuarta fase que complete el círculo vital de los Credit Default Swaps (CDS) es clara: Rechazo. Quieren que el mercado se ajuste a nuevas y más estrictas regulaciones, como por ejemplo, que el comprador de un Credit Default Swap (CDS) tenga un interés real en el bono subyacente.

Sin embargo, la rehabilitación parece tener algo más de sentido. Con un pequeño empujón, el mercado se está autoreformando. De momento, las partes (comprador y vendedor) se establecen directamente, dejando a los participantes expuestos al impago de la otra parte. Una cámara de compensación central habría reducido el daño producido por del derrumbe de Lehman Brothers en dos tercios, según la agencia de rating Moody’s.

Incluso sin cámara de compensación central, el mercado ha sido capaz de superar la desaparición de Lehman Brothers y las quiebras técnicas de los gigantes hipotecarios norteamericanos Fannie Mae y Freddie Mac. El, en principio, complejo procedimiento de casar las compra-ventas funciona, sin el desmoronamiento de más empresas. Moody’s reconoce que las pérdidas relacionadas con Leman Brothers se han extendido por todo el globo. Si los bancos y los inversores aprenden algo de esta crisis, será que para próximas veces se asegurarán que la otra parte en la operación sea capaz de hacer frente a las obligaciones y riesgos que les corresponda.

Sin duda alguna, el mercado de los Credit Default Swaps (CDS) ha causado enormes problemas, principalmente porque nadie sabía exactamente el alcance de la exposición al riesgo de los inversores. El mercado podría haberse colapsado tras los descalabros de AIG- una de las principales aseguradoras norteamericanas, que suscribió demasiados CDS- y Lehman Brothers. La quiebra de otro gran banco podría haber incluso tensionado más el sistema, pero el mercado de Credit Default Swaps (CDS) no habría caído solo.

Aunque es conveniente no olvidar que en el pasado la quiebra de grandes emisores de bonos desestabilizó el sistema, inluso mucho antes de que nadie pensara en inventar los Credit Default Swaps (CDS).
Cada burbuja ve sus excesos, y parece extraño señalar con el dedo acusador exclusivamente a los Credit Default Swaps (CDS).

Volvamos la vista atrás al crack del 87, cuando todos señalaban como culpable al mercado de futuros, los cuales eran utilizados por las entidades para protegerse de movimientos adversos en sus carteras. Y afirmaban que fue precisamente eso lo que hizo la crisis del 87 tan profunda. Se creó una comisión en Estados Unidos y se establecieron más restricciones. 20 años más tarde, el Mercado de Futuros y Opciones de Chicago es gigantesco, y para muestra un botón: sólo sobre índices de S&P 500 se negociaron contratos por valor de 45 billones (otra vez con b) de dólares, mientras que el valor total de las bolsas de valores norteamericanas a penas supera los 10 billones de dólares. Pero los futuros sobre acciones pasan totalmente desapercibidos y no se les culpa de la crisis.

En 20 años los Credit Default Swaps (CDS) podrían pasar tan desapercibidos como los futuros sobre acciones lo son ahora, pero sólo si se produce una reforma del sistema. Al igual que se puede crear una cámara de compensación (como la que existe para los futuros), el mercado debe ser más transparente. Tanto los bancos como las demás empresas que cotizan en bolsa deberían revelar su verdadero nivel de riesgo asumido en sus posiciones dentro del mercado.

Los Credit Default Swaps (CDS)  tienen su utilidad, y si los inversores pueden especular con acciones, divisas, mercancías, etc. no debería haber ninguna razón por la cual no puedan especular con deuda privada. Igual que el los mercados de futuros hay que depositar unas garantías, quizá sea una buena idea que también se deban depositar garantías en los contratos de Credit Defaut Swaps. Es una idea.

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