Para beneficiarse de las ventajas que ofrece el factoring simplemente tienes que acercarte a tu entidad de crédito y solicitar el servicio. Entre la entidad y tú tendréis que estudiar los términos del contrato que más se ajusten a las necesidades de tu empresa.
De momento, para solicitar el factoring necesitarás:
- Los datos e información de tu empresa.
- Los datos e información de tus clientes (todos o aquellos que quieres incluir en el contrato).
- Las ventas previstas para el año.
- Las facturas al mes que querrás incluir (el importe que querrás incluir en el contrato).
- Las formas de cobro que aceptas (cheques, pagarés, transferencias, etc.).
- El periodo medio de cobro (30 días, 60 días, etc.).
Con estos datos básicos, la entidad podrá ponerse manos a la obra para poder evaluar la concesión del servicio de factoring. Para ello, la entidad analizará tu empresa, analizará a tus clientes (sobretodo su solvencia) y las condiciones propuestas.
Según todos estos factores, la entidad de factoring ofrecerá unas condiciones para el contrato, donde se indicarán los gastos y comisiones que conlleva. Estos costes dependerá del volumen, de los clientes, del plazo de cobro, de si es factoring con o sin recurso, etc. Por supuesto, la entidad de factoring podrá negarse a aceptar a un cliente determinado, podrá rebajar el importe total de las facturas, etc. Ahí ya sólo queda negociar con la entidad de factoring para que el contrato y sus condiciones se asemejen a lo que necesitamos.
Y una vez que firmes el contrato de factoring, deberás enviar una carta a todos los clientes indicando la existencia de este contrato, por lo que deberán realizar los pagos directamente a la entidad de factoring. Tranquilo, la propia entidad te dará una carta-tipo.
Obviamente, el factoring no está dirigido a cualquier tipo de empresa y será más adecuado para unas empresas que para otras. Será más fácil conseguir el factoring si tu empresa vende a otras empresas u organismos públicos (no a clientes particulares), si vendes a plazo y tienes una política de pago a plazos establecida, si tus clientes son compradores recurrentes- es decir, que compran periódicamente-, etc.
Como ves, el procedimiento es muy sencillo, y no se pierde nada por acercarse al banco o caja y preguntar por este servicio. Te puede ahorrar tiempo y dinero.
Una de las formas que una empresa tiene de crecer es facilitar el pago a sus clientes, no sólo aceptando diversas formas de pago, sino también ofreciendo un aplazamiento en el mismo, es decir, vendiendo a crédito.
Hay un servicio que ofrecen las entidades de crédito (bancos, cajas de ahorro, cooperativas de crédito y establecimientos financieros de crédito) que pueden eliminar el riesgo de impago de nuestros clientes. O mejor dicho, un servicio que traslada el riesgo de impago desde nuestra empresa a la entidad financiera. Se trata del factoring, en su modalidad de factoring sin recurso. Pero, ¿qué es el factoring?
Una de los principales actores que han incidido en esta crisis han sido las agencias de calificación crediticia o de rating. En concreto 
Las innovaciones financieras suelen pasar por cuatro fases: La primera, son vitoreados como la gran prueba de que los banqueros que los diseñaron son mentes brillantes. Después, pasan por ser un mero instrumento de especulación, con los inversores exprimiéndolos en vez de utilizarlos para su cometido. Y ese abuso desemboca en una crisis que provoca pérdidas generalizadas, lo cual lleva a aborrecer dichos instrumentos financieros. Y la cuarta y última fase es, y he aquí la gran cuestión, ¿rechazar o rehabilitar dichos instrumentos?
Al margen de los análisis de estados financieros, existen aspectos MUY relevantes en los informes comerciales que se suelen analizar con menos interés y tienen tanta importancia (y a veces más) como los análisis económico-financieros.
Ya sé que la mayoría de vosotros tenéis claro lo que es un crédito comercial, pero creo que es conveniente explicarlo de una manera sencilla.






